CRISTINA.

Aquí pared y medio tengo yo un platero, mi conocido, que con facilidad me sacará de duda.

SOLÓRZANO.

Eso es lo que yo quiero y lo que amo y lo que estimo: que las cosas claras Dios las bendijo.

CRISTINA.

Si es que usted se atreve á fiarme esta cadena, en tanto que me satisfago, de aquí á un poco podrá venir, que yo tendré los diez escudos de oro.

SOLÓRZANO.

¡Bueno es eso! fio mi honra de usted; ¿y no le habia de fiar la cadena? Usted la haga tocar y retocar: que yo me voy y volveré de aquí á media hora.

CRISTINA.

Y aun antes, si es que mi vecino está en casa.