PLATERO.

Señora doña Cristina, usted me ha de hacer una merced de hacer todas sus fuerzas por llevar mañana á mi mujer á la comedia; que me conviene y me importa quedar mañana en la tarde libre de tener quien me siga y me persiga.

CRISTINA.

Eso haré yo de muy buena gana; y aun si el señor vecino quiere mi casa y cuanto hay en ella, aquí la hallará sola y desembarazada, que bien sé en qué caen estos negocios.

PLATERO.

No señora, entretener á mi mujer me basta: ¿pero qué queria usted de mí, que queria ir á buscarme?

CRISTINA.

No mas, sino que me diga el señor vecino ¿qué pesará esta cadena, y si es fina y de qué quilates?

PLATERO.

Esta cadena he tenido yo en mis manos muchas veces, y sé que pesa ciento y cincuenta escudos de oro, de á veinte y dos quilates; y que si usted la compra, y se la dan sin hechura, no perderá nada en ella.