CRISTINA.
Alguna hechura me ha de costar, pero no mucha.
PLATERO.
Mire cómo la concierta la señora vecina: que yo le haré dar, cuando se quisiere deshacer de ella, diez ducados de hechura.
CRISTINA.
Menos me ha de costar, si yo puedo; pero mire el vecino no se engañe en lo que dice de la fineza del oro, y cantidad del peso.
PLATERO.
¡Bueno seria que yo me engañase en mi oficio! Digo, señora, que dos veces la he tocado eslabon por eslabon, y la he pesado y la conozco como á mis manos.
BRÍGIDA.
Con esto nos contentamos.