PLATERO.

Y por mas señas, sé que la ha llegado á pesar y á tocar un gentil hombre cortesano, que se llama tal de Solórzano.

CRISTINA.

Basta, señor vecino: vaya con Dios, que yo haré lo que me deja mandado, yo la llevaré y entretendré dos horas mas si fuere menester: que bien sé que no podrá dañar una hora mas de entretenimiento.

PLATERO.

Con usted me entierren, que sabe de todo; y á Dios, señora mia.

(Éntrase el platero.)

BRÍGIDA.

¿No haríamos con este cortesano Solórzano, que asi se debe de llamar sin duda, que trajese con el vizcaino para mí alguna ayuda de costa, aunque fuese de algun borgoñon mas borracho que un zaque?

CRISTINA.