Por decírselo no quedará; pero vésle, aquí vuelve: priesa trae, diligente anda, sus diez escudos le aguijan y espolean.
Entra Solórzano.
SOLÓRZANO.
Pues señora doña Cristina, ¿ha hecho usted sus diligencias? ¿Está acreditada la cadena?
CRISTINA.
¿Cómo es el nombre de usted, por su vida?
SOLÓRZANO.
Don Esteban de Solórzano me suelen llamar en mi casa; ¿pero por qué me lo pregunta usted?
CRISTINA.
Por acabar de echar el sello á su mucha verdad y cortesía. Entretenga usted un poco á la señora doña Brígida, en tanto que entro por los diez escudos.