—Guardáos, compadre, no encuentren con vuestro título los frailes de la redencion de cautivos, que os le llevarán por mostrenco.
Á lo cual dijo el amigo:
—Tratémonos bien, señor Vidriera, pues ya sabeis vos que soy hombre de altas y de profundas letras.
Respondióle Vidriera:
—Ya yo sé que sois un Tántalo en ellas, porque se os van por altas, y no las alcanzais de profundas.
Estando una vez arrimado á la tienda de un sastre, vióle que estaba mano sobre mano, y díjole:
—Sin duda, señor maese, que estais en camino de salvacion.
—¿En qué lo veis? preguntó el sastre.
—¿En qué lo veo? respondió Vidriera: véolo en que pues no teneis qué hacer, no tendréis ocasion de mentir.
Y añadió: