Cuatro ó cinco veces habia dado música al negro (que por solo él la daba), pareciéndole que por donde se habia de comenzar á desmoronar aquel edificio, habia y debia ser por el negro, y no le salió vano su pensamiento; porque llegándose una noche como solia á la puerta, comenzó á templar su guitarra, y sintió que el negro estaba ya atento, y llegándose al quicio de la puerta, con voz baja dijo:

—¿Será posible, Luis, darme un poco de agua, que perezco de sed, y no puedo cantar?

—No, dijo el negro, porque no tengo la llave desta puerta, ni hay agujero por donde pueda dárosla.

—Pues ¿quién tiene la llave? preguntó Loaysa.

—Mi amo, respondió el negro, que es el mas celoso hombre del mundo, y si él supiese que yo estoy ahora aquí hablando con nadie, no seria mas mi vida; pero ¿quién sois vos, que me pedís el agua?

—Yo, respondió Loaysa, soy un pobre estropeado de una pierna, que gano mi vida pidiendo por Dios á la buena gente, y juntamente con esto enseño á tañer á algunos morenos, y á otra gente pobre, y ya tengo tres negros esclavos de tres veinticuatros, á quien he enseñado de modo, que pueden cantar y tañer en cualquier baile y en cualquier taberna, y me lo han pagado muy rebien.

—Harto mejor os lo pagara yo, dijo Luis, á tener lugar de tomar licion; pero no es posible, á causa que mi amo en saliendo por la mañana cierra la puerta de la calle, y cuando vuelve hace lo mismo, dejándome emparedado entre dos puertas.

—Por Dios, Luis, replicó Loaysa (que ya sabia el nombre del negro), que si vos diésedes traza á que yo entrase algunas noches á daros licion, en ménos de quince dias os sacaria tan diestro en la guitarra, que pudiésedes tañer sin vergüenza alguna en cualquiera esquina; porque os hago saber que tengo grandísima gracia en el enseñar, y mas que he oido decir que vos teneis muy buena habilidad, y á lo que siento y puedo juzgar por el órgano de la voz, que es atiplada, debeis de cantar muy bien.

—No canto mal, respondió el negro; pero ¿qué aprovecha? pues no sé tonada alguna, sino es la de la estrella de Vénus, y la de

Por un verde prado,