—Espera, hermana, que ya voy por ella, respondió Leonora.
Y volviendo á la cama, metió la mano por entre los colchones, y sacó la llave de en medio dellos, sin que el viejo lo sintiese; y tomándola en sus manos, comenzó á dar brincos de contento, y sin mas esperar abrió la puerta, y la presentó á la dueña, que la recebió con la mayor alegría del mundo.
Mandó Leonora que fuese á abrir al músico, y que le trujese á los corredores, porque ella no osaba quitarse de allí por lo que podia suceder; pero que ante todas cosas hiciese que de nuevo ratificase el juramento que habia hecho de no hacer mas de lo que ellas le ordenasen, y que si no le quisiese confirmar y hacer de nuevo, en ninguna manera le abriesen.
—Así será, dijo la dueña, y á fe que no ha de entrar si primero no jura y rejura, y besa la cruz seis veces.
—No le pongas tasa, dijo Leonora, bésela él, y sean las veces que quisiere; pero mira que jure por la vida de sus padres, y por todo aquello que bien quiere, porque con esto estaremos seguras, y nos hartaremos de oir cantar y tañer, que en mi ánima que lo hace delicadamente; y anda, no te detengas mas, porque no se nos pase la noche en pláticas.
Alzóse las faldas la buena dueña, y con no vista lijereza se puso en el torno, donde estaba toda la gente de la casa esperando, y habiéndoles mostrado la llave que traia, fué tanto el contento de todas, que la alzaron en peso como á catedrático, diciendo: viva, viva; y mas cuando les dijo que no habia necesidad de contrahacer la llave, porque segun el untado viejo dormia, bien se podian aprovechar de la de casa todas las veces que la quisiesen.
—Ea pues, amiga, dijo una de las doncellas, ábrase esa puerta, y entre este señor, que ha mucho que aguarda, y démonos un verde de música, que no haya mas que ver.
—Mas ha de haber que ver, replicó la dueña, que le hemos de tomar juramento como la otra noche.
—Él es tan bueno, dijo una de las esclavas, que no reparará en juramentos.
Abrió en esto la dueña la puerta, y teniéndola entreabierta, llamó á Loaysa que todo lo habia estado escuchando por el agujero del torno, el cual llegándose á la puerta, quiso entrarse de golpe; mas poniéndole la dueña la mano en el pecho, le dijo: