—Sabrá vuesa merced, señor mio, que en Dios y en mi conciencia todas las que estamos dentro de las puertas desta casa somos doncellas como las madres que nos parieron, escepto mi señora, y aunque yo debo de parecer de cuarenta años, no teniendo treinta cumplidos, porque les faltan dos meses y medio, tambien lo soy, mal pecado; y si acaso parezco vieja, corrimientos, trabajos y desabrimientos echan un cero á los años, y á veces dos, segun se les antoja: y siendo esto ansí, como lo es, no seria razon que á trueco de oir dos, ó tres, ó cuatro cantares, nos pusiésemos á perder tanta virginidad como aquí se encierra; porque hasta esta negra, que se llama Guiomar, es doncella. Así que, señor de mi corazon, vuesa merced nos ha de hacer, primero que entre en nuestro reino, un muy solene juramento de que no ha de hacer mas de lo que nosotras le ordenáremos, y si le parece que es mucho lo que se le pide, considere que es mucho mas lo que se aventura: y si es que vuesa merced viene con buena intencion, poco le ha de doler el jurar, que al buen pagador no le duelen prendas.

—Bien y rebien ha dicho la señora Marialonso, dijo una de las doncellas, en fin como persona discreta y que está en las cosas como se debe, y si es que el señor no quiere jurar, no entre acá dentro.

Á esto dijo Guiomar la negra, que no era muy ladina:

—Por mí, mas que nunca jura, entre con todo diablo, que aunque mas jura, si acá estás todo olvida.

Oyó con gran sosiego Loaysa la arenga de la señora Marialonso, y con grave reposo y autoridad respondió:

—Por cierto, señoras hermanas y compañeras mias, que nunca mi intento fué, es, ni será otro que daros gusto y contento en cuanto mis fuerzas alcanzaren; y así no se me hará cuesta arriba este juramento que me piden; pero quisiera yo que se fiara algo de mi palabra, porque dada de tal persona como yo soy, era lo mismo que hacer una obligacion guarentigia; y quiero hacer saber á vuesa merced que debajo del sayal hay al, y que debajo de mala capa suele estar un buen bebedor; mas para que todas estén seguras de mi buen deseo, determino de jurar como católico y buen varon: y así juro por la intemerata eficacia donde mas santa y largamente se contiene, y por las entradas y salidas del santo Líbano monte, y por todo aquello que en su proemio encierra la verdadera historia de Carlomagno, con la muerte del gigante Fierabras, de no salir ni pasar del juramento hecho, y del mandamiento de la mas mínima y desechada destas señoras, so pena que si otra cosa hiciere ó quisiere hacer, desde ahora para entónces, y desde entónces para ahora lo doy por nulo, y no hecho ni valedero.

Aquí llegaba con su juramento el buen Loaysa, cuando una de las doncellas que con atencion le habia estado escuchando, dió una gran voz, diciendo:

—Este sí que es juramento para enternecer las piedras; mal haya yo, si mas quiero que jures, pues con solo lo jurado podias entrar en la misma sima de Cabra.

Y asiéndole de los gregüescos le metió dentro, y luego todas las demas se le pusieron á la redonda. Luego fué una á dar las nuevas á su señora, la cual estaba haciendo centinela al sueño de su esposo, y cuando la mensajera le dijo que ya subia el músico, se alegró y se turbó en un punto, y preguntó si habia jurado. Respondióle que sí, y con la mas nueva forma de juramento que en su vida habia visto.

—Pues si ha jurado, dijo Leonora, asido le tenemos: ¡oh qué avisada que anduve en hacelle que jurase!