En esto á las voces de Costanza salió á los corredores la Argüello, con otras dos mocetonas tambien criadas de casa, de quien se dice que eran gallegas, y el haber tantas lo requeria la mucha gente que acude á la posada del Sevillano, que es una de las mejores y mas frecuentadas que hay en Toledo. Acudieron tambien los mozos de los huéspedes á pedir cebada: salió el huésped de casa á dársela, maldiciendo á sus mozas, que por ellas se le habia ido un mozo que la solia dar con muy buena cuenta y razon, sin que le hubiese hecho ménos á su parecer un solo grano. Avendaño que oyó esto, dijo:
—No se fatigue, señor huésped, déme el libro de la cuenta, que los dias que hubiere de estar aquí yo la tendré tan buena en dar la cebada y paja que pidieren, que no eche ménos al mozo que dice que se le ha ido.
—En verdad que os lo agradezco, mancebo, respondió el huésped, porque yo no puedo atender á esto, porque tengo otras muchas cosas á que acudir fuera de casa: bajad, daros he el libro, y mirad que estos mozos de mulas son el mismo diablo, y hacen trampantojos un celemin de cebada con ménos conciencia que si fuese de paja.
Bajó al patio Avendaño, y entregóse en el libro, y comenzó á despachar celemines como agua, y asentarlos por tan buena órden, que el huésped, que lo estaba mirando, quedó contento, y tanto, que dijo:
—Pluguiese á Dios que vuestro amo no viniese, y que á vos os diese gana de quedaros en casa, que á fe que otro gallo os cantase, porque el mozo que se me fué vino á mi casa habrá ocho meses roto y flaco, y ahora lleva dos pares de vestidos muy buenos y va gordo como una nutria; porque quiero que sepais, hijo, que en esta casa hay muchos provechos, amen de los salarios.
—Si yo me quedase, replicó Avendaño, no repararia mucho en la ganancia, que con cualquiera cosa me contentaria á trueco de estar en esta ciudad, que me dicen que es la mejor de España.
—Á lo ménos, respondió el huésped, es de las mejores y mas abundantes que hay en ella; mas otra cosa nos falta ahora, que es buscar quien vaya por agua al rio, que tambien se me fué otro mozo, que con un asno que tengo famoso me tenia rebosando las tinajas y hecha un lago de agua la casa; y una de las causas porque los mozos de mulas se huelgan de traer sus amos á mi posada, es por la abundancia de agua que hallan siempre en ella, porque no llevan su ganado al rio, sino dentro de casa beben las cabalgaduras en grandes barreños.
Todo esto estaba oyendo Carriazo, el cual viendo que ya Avendaño estaba acomodado y con oficio en casa, no quiso él quedarse á buenas noches, y mas que consideró el gran gusto que haria á Avendaño si le seguia el humor; y así dijo al huésped:
—Venga el asno, señor huésped, que tambien sabré yo cinchalle y cargalle, como sabe mi compañero asentar en el libro su mercancía.
—Sí, dijo Avendaño, mi compañero Lope, asturiano, servirá de traer agua como un príncipe, y yo le fío.