—Yo he dicho bien, añadió el huésped, y si vuesa merced me da licencia, le diré lo que hay en esto, lo cual jamas he dicho á persona alguna.
—Primero quiero ver á la Fregona que saber otra cosa: llamadla acá, dijo el corregidor.
Asomóse el huésped á la puerta de la sala, y dijo:
—¿Oíslo, señora? haced que entre aquí Costancica.
Cuando la huéspeda oyó que el corregidor llamaba á Costanza, turbóse y comenzó á torcerse las manos, diciendo:
—¡Ay, desdichada de mí, el corregidor á Costanza y á solas! algun gran mal debe de haber sucedido, que la hermosura desta muchacha trae encantados los hombres.
Costanza, que lo oia, dijo:
—Señora, no se congoje, que yo iré á ver lo que el señor corregidor quiere, y si algun mal hubiere sucedido, esté segura vuesa merced que no tendré yo la culpa.
Y en esto sin aguardar que otra vez la llamasen, tomó una vela encendida sobre un candelero de plata, y con mas vergüenza que temor, fué donde el corregidor estaba.
Así como el corregidor la vió, mandó al huésped que cerrase la puerta de la sala, lo cual hecho, el corregidor se levantó y tomando el candelero que Costanza traia, llegándole la luz al rostro, la anduvo mirando toda de arriba abajo; y como Costanza estaba con sobresalto, habíasele encendido la color del rostro, y estaba tan hermosa y tan honesta, que al corregidor le pareció que estaba mirando la hermosura de un ángel en la tierra; y despues de haberla bien mirado, dijo: