Por las cuales palabras entendió D. Antonio que no era Cornelia la que respondia. Estando en esto vino Santisteban el paje, y acudió luego á su aposento, y hallando allí á D. Antonio, que pedia que le trujesen las llaves que habia en casa, por ver si alguna hacia á la puerta, el paje hincado de rodillas, y con la llave en la mano le dijo:

—El ausencia de vuesas mercedes, y mi bellaquería, por mejor decir, me hizo traer una mujer estas tres noches á estar conmigo: suplico á vuesa merced, señor D. Antonio de Isunza, así oiga buenas nuevas de España, que si no lo sabe mi señor D. Juan de Gamboa, que no se lo diga, que yo la echaré al momento.

—Y ¿cómo se llama la tal mujer? preguntó D. Antonio.

—Llámase Cornelia, respondió el paje.

El paje que habia descubierto la celada, que no era muy amigo de Santisteban, ni se sabe si simplemente ó con malicia bajó donde estaban el duque, D. Juan y Lorenzo, diciendo:

—Tómame el paje, por Dios que le han hecho gormar á la señora Cornelia: escondidita la tenia: á buen seguro que no quisiera él que hubieran venido los señores para alargar el gaudeamus tres ó cuatro dias mas.

Oyó esto Lorenzo, y preguntóle:

—¿Qué es lo que decís, gentilhombre? ¿Dónde está Cornelia?

—Arriba, respondió el paje.

Apénas oyó esto el duque, cuando como un rayo subió la escalera arriba á ver á Cornelia, que imaginó que habia parecido, y dió luego en el aposento donde estaba D. Antonio, y entrando dijo: