El acabar el coloquio el licenciado, y el despertar el alférez, fué todo á un tiempo, y el licenciado dijo:

—Aunque este coloquio sea fingido, y nunca haya pasado, paréceme que está tan bien compuesto, que puede el señor alférez pasar adelante con el segundo.

—Con ese parecer, respondió el alférez, me animaré y dispondré á escribille, sin ponerme mas en disputas con vuesa merced, si hablaron los perros ó no.

Á lo que dijo el licenciado:

—Señor alférez, no volvamos mas á esa disputa; yo alcanzo el artificio del coloquio y la invencion, y basta: vámonos al Espolon á recrear los ojos del cuerpo, pues ya he recreado los del entendimiento.

—Vamos en buen hora, dijo el alférez.

Y con esto se fueron.


LA TIA FINGIDA.