—La verdad siempre, Abel; si nos dijéramos siempre la verdad, toda la verdad, esto sería el paraíso.
—Sí, y si se la dijera cada cual a sí mismo...
—Bueno, pues la verdad!
—La verdad es que tu prima y futura novia, acaso esposa, Helena, me parece una pava real... es decir, un pavo real hembra... ya me entiendes...
—Sí, te entiendo.
—Como no sé expresarme bien más que con el pincel...
—Y vas a pintar la pava real, o el pavo real hembra, haciendo la rueda acaso, con su cola llena de ojos, su cabecita...
—Para modelo, excelente! Excelente, chico! Qué ojos! Qué boca! Esa boca carnosa y a la vez fruncida... esos ojos que no miran... Qué cuello! Y sobre todo qué color de tez! Si no te incomodas...
—Incomodarme yo?