—Me acuerdo cuando decías que te alegrabas de que no tuviéramos más que una hija, porque así no teníamos que repartir el cariño...
—Pero si no lo reparto!
—Algo peor entonces...
—Sí, Antonia, esa hija quiere sacrificarse por mí, y no sabe que si se va al convento me deja desesperado. Su convento es esta casa!
XXVII
Dos días después encerrábase en el gabinete Joaquín con su mujer y su hija.
—Papá, Dios lo quiere!—exclamó resueltamente y mirándole cara a cara su hija Joaquina.
—Pues, no! No es Dios quien lo quiere, sino el padrecito ese—replicó él.—Qué sabes tú, mocosuela, lo que quiere Dios? Cuándo te has comunicado con él?