—Tu silencio de años.
—Pues por eso, por ser el hijo del que llamas mi enemigo.
—Yo no sé lo que hay entre vosotros, no quiero saberlo, pero al verte últimamente cómo te aficionabas a su hijo, me dió miedo... temí... no sé lo que temí. Ese tu cariño a Abelín me parecía monstruoso, algo infernal...
—Pues no, hija, no! Buscaba en él redención. Y créeme, si logras traerle a mi casa, si le haces mi hijo, será como si sale al fin el sol en mi alma...
—Pero pretendes tú, tú, mi padre, que yo le solicite, le busque?
—No digo eso.
—Pues entonces?
—Y si él...
—Ah, pero lo teníais ya tramado entre los dos y sin contar conmigo?