—En mi vida he trabajado con más gusto—decía Abel;—esto, esto es arte puro y lo demás... chanfaina!

—Puedes hacer un álbum de dibujos para los niños—le dijo Joaquín.

—No, así no tiene gracia, para los niños... no! Eso no sería arte sino...

—Pedagogía—dijo Joaquín.

—Eso, sí, sea lo que fuere, pero arte no. Esto es arte, esto; estos dibujos que dentro de media hora romperá nuestro nieto.

—Y si yo los guardase?—preguntó Joaquín.

—Guardarlos? Para qué?

—Para tu gloria. He oído de no sé qué pintor de fama que se han publicado los dibujos que les hacía, para divertirlos, a sus hijos, y que son de lo mejor de él.

—Yo no los hago para que los publiquen luego, entiendes? Y, en cuanto a eso de la gloria, que es una de tus reticencias, Joaquín, sábete que no se me da un comino de ella.

—Hipócrita! Si es lo único que de veras te preocupa...