—Mira, si sigues así, me voy, porque me pones malo de verdad. Ya sabes mejor que nadie, que no estoy para oir locuras de ese jaez. Vete a un manicomio a que te curen o te cuiden y déjanos en paz.

—Mira, Abel, que me quitaste, por humillarme, por rebajarme, a Helena...

—Y no has tenido a Antonia...?

—No, no es por ella, no! Fué el desprecio, la afrenta, la burla.

—Tú no estás bueno, te lo repito, Joaquín, no estás bueno...

—Peor estás tú.

—De salud del cuerpo, desde luego. Sé que no estoy para vivir mucho.

—Demasiado...

—Ah, pero me deseas la muerte?