—No jures!
—Te juro que si en mí sólo consistiese, Helena sería tu novia, y mañana tu mujer. Si pudiese cedértela...
—Me la venderías por un plato de lentejas, no es eso?
—No, vendértela no! Te la cedería gratis y gozaría en veros felices, pero...
—Sí, que ella no me quiere y te quiere a ti, no es eso?
—Eso es!
—Que me rechaza a mí, que la buscaba, y te busca a ti, que la rechazabas.
—Eso! Aunque no lo creas; soy un seducido.
—Qué manera de darte postín! Me das asco!