—Postín?
—Sí, ser así, seducido, es más que ser seductor. Pobre víctima! Se pelean por ti las mujeres...
—No me saques de quicio, Joaquín...
—A ti? Sacarte a ti de quicio? Te digo que esto es una canallada, una infamia, un crimen... Hemos acabado para siempre!
Y luego, cambiando de tono, con lágrimas insondables en la voz:
—Ten compasión de mí, Abel, ten compasión. Ve que todos me miran de reojo, ve que todos son obstáculos para mí... Tú eres joven, afortunado, mimado, te sobran mujeres... Déjame a Helena, mira que no sabré dirigirme a otra... Déjame a Helena...
—Pero si ya te la dejo...
—Haz que me oiga; haz que me conozca; haz que sepa que muero por ella, que sin ella no viviré...
—No la conoces...