IV
—Helena—le decía Abel,—eso de Joaquín me quita el sueño...!
—El qué?
—Cuando le diga que vamos a casarnos no sé lo que va a ser. Y eso que parece ya tranquilo y como si se resignase a nuestras relaciones...
—Sí, bonito es él para resignarse!
—La verdad es que esto no estuvo del todo bien.
—Qué? También tú? Es que vamos a ser las mujeres como bestias, que se dan y prestan y alquilan y venden?
—No, pero...
—Pero qué?