—¡Qué chica más hermosa era!—exclama Federico.

—Y lo es.

—Ya no; ha perdido la virginal inmadurez; ese bárbaro la ha hecho fructificar... ¿Ve usted ese talle? Eso es un crimen, un crimen que debiera castigarse...

—Pero si es su marido...

—Eso es un crimen, digo. Hay que restablecer las vestales y que quemen de continuo incienso en el altar de Citerea... ¡bárbaro!

—Pero si es un excelente sujeto...

—Todo el que se apodera y hace dueño de una mujer hermosa es un bruto. Una belleza debe ser el noli me tangere, el «mírame y no me toques» del vulgo, es para los ojos tan sólo.

—No pensaba usted así...

—Hace tres días, ¿no es eso? ¡Exacto! Las ideas duran como las corbatas, hasta que se gastan ó pasan de moda.

Apolodoro se queda mirándole á la insolente corbata.