—Y los dos tús.

—Sin duda.

—Luego si por una parte es usted un yo y yo otro yo, y por otra parte usted un tú y yo otro tú, resultamos ser los dos yo y tú á la vez. Bien dijo el filósofo, que todo es uno y lo mismo. De donde resulta que queremos los dos á Clarita.

—¿Queremos?

—¡Sí, la queremos, usted... y yo!

—¿Y usted?

—¡Sí, yo!

—¿Usted?

—Sí, yo; y la cosa es clara, amigo Carrascal, usted la quiere, yo la quiero, ella es querida por los dos y decide entre ambos...

—Pero...