«¿Por quién me tomará este hombre?»
—Bueno, que decida ella...
—Es sin duda la posición más despejada y más gallarda. Además, si se decide por mí dejándole á usted, en tal caso, claro está, no merece que usted se inquiete ni lo tome á pechos, porque una novia que deja así á su novio, sin más que por atravesarse otro en el camino... Pero ¿en qué piensa usted, amigo Carrascal?
—¡Ah, es verdad! ¿decía usted?
—Hombre, bien podía su padre que tantas otras cosas le ha enseñado, haberle enseñado educación.
—¿Educación?
—Sí, educación. ¿No sabe usted lo que es?
—No ocupa puesto en la clasificación genética de las ciencias.
—Pero qué guasón está usted...
—¿Guasón? No sé lo que es eso.