Clarita oculta la cara entre las manos y llora, llora de vergüenza; no sabe bien por qué llora. Levanta al cabo la frente y dice: «¡bueno!» Y se decide que sea esta noche la primera entrevista con Federico.
Y esta misma tarde llama don Avito en casa de don Epifanio; entrevístanse y se saludan. Viene Carrascal á pagarle la última mesada de su hijo.
—Y le comunico, don Epifanio, que no va á poder seguir viniendo al dibujo con usted.
—Está bien.
—No estaba del todo descontento de su enseñanza.
—Muchas gracias.
---No, no estaba del todo descontento de su enseñanza, para lo que aquí se usa, pero tengo mis planes respecto á mi hijo, amigo don Epifanio.
—Es natural.
—Y usted comprenderá que teniendo yo planes...
—Claro está.