—Acaso usted mismo...

—No, no, yo no los tengo; ¿para qué?

—Pero querrá para su hija...

—Lo que ella más quiera.

—Es que...

—Es que eso es cosa de ellos.

—Pero mis planes...

—¿Planes? ¿qué más da? Cada cual es cada cual y por todas partes se va á Roma...

«Este hombre es un imbécil», piensa don Avito y levantándose: