Vuelve á intentar el padre nueva conferencia y á las pocas frases exclama el hijo:

—Bueno, pero la ciencia ¿me enseña á ser querido?

—Enseña á querer.

—No es eso lo que me importa.

—¡El amor! ¡herencia fatal! Es un caso de la nutrición después de todo y nada más. Este tropiezo te servirá. También yo pasé por ahí...

—¿Tú?—y abre los ojos como queriendo tragarle con ellos,—¿tú? ¿tú?—y se echa á reir como un loco.

—Yo, sí, yo, yo; ¿pues qué se te figura, chiquillo? ¿que sólo tú eres capaz de enamorarte? También yo, sí, también yo me enamoré de tu madre, también yo, y así has salido tú, como engendrado en amor...

—¿En amor? ¿engendrado en amor yo? te equivocas.

—Sí, tú. Pero para algo me has servido, para algo servirás á la humanidad, porque ahora se pone en claro que no haremos con la pedagogía genios mientras no se elimine el amor.