Hoy ha averiguado Avito que á escondidas de él, en connivencia la madre con Leoncia, se han llevado al niño para que lo bauticen. Su principio de autoridad, base y fundamento de toda sana pedagogía, ha sido conculcado; y ¿cómo? ¡por consejo de la deductiva! No se puede dejar pasar esto así, sin protesta.

—¿No te tengo dicho, Marina, que no quiero que le metas esas cosas al niño?

—Así se ha hecho siempre—contesta la mujer con un resto de independencia que le brota de las entrañas.—Tú no quieres más que poner leyes nuevas...

—¿Quién te ha dicho eso?—y como Marina calla, prosigue elevando la voz:—¿quién te lo ha dicho? repito; ¿quién es el majadero ó la majadera que te lo ha dicho? Vamos, contesta. ¿No sabes que soy tu marido?

La pobre Materia, oprimiendo al genio contra su seno, siente que una bola de cuajada angustia le levanta primero por dentro los henchidos pechos, que le tupe la garganta después y empieza á ver á su marido á través del amargo humor que le purifica los ojos lavándoselos.

—Tienes la desgracia de haber nacido imbécil y no estás en edad...

Óyese apenas, como quejumbre de animal herido, estas palabras escapadas de entre dientes: Eres un bruto.

—¿Un bruto? ¿un bruto yo?—la coge del brazo y la sacude;—¿un bruto? si no fuese por...

Y ella rompiendo á llorar ya: Virgen Santísima...