—¿Es ese don Avito Carrascal, Fulgencio?
—Sí, ¿pues?
—No, nada; parece un buen hombre.
El filósofo coge con la mano la barbilla de su solemne esposa y le dice:
—Vamos, Mira, no seas mala.
—El malo eres tú, Fulgencio.
—Los malos somos los dos, Mira.
—Como quieras, pero yo creo que somos muy buenos...
—Acaso tengas razón—añade el filósofo pensativo, y luego:—¡Caramba! pero qué guapetona te me conservas á pesar de tus...