Y mientras la pobre Marina se enciende en rubor, el padre dice:
—Mira, Apolodoro, de ahí, de esa gordura, va á salirte un hermanito ó hermanita...
—¿De ahí?—exclama el niño,—¡qué risa!
—¡Avito!—suspira en sueños, suplicante, la Materia.
—Sí, de ahí. Nada de eso de que los traen de París y otras bobadas por el estilo; la verdad, la verdad siempre. Si fueras mayor, hijo mío, te explicaría cómo brota la mórula del plasma germinativo.
La Materia, sofocada, empieza á rezumar lágrimas de los ojos.
Y ahora que Carrascal cuenta, satisfecho, lo ocurrido á don Fulgencio, recibe una nueva sorpresa.
—Dotes de observador no le faltan, por lo visto, al chiquillo—dice el maestro,—pero no veo por qué había de haberle usted dicho eso, ó no haberle dicho una mentira...
—¡Una mentira!—exclama Carrascal ensanchando los ojos.