—¡Papá, tengo frío!
—¡El frío no existe, hijo mío!
«Es tonto, decididamente tonto.»
Otras veces toca preguntar al chico, para tormento del padre. «Papá, ¿por qué no tienen barbas las mujeres?» A punto estuvo Carrascal de responder: «porque la tienen los hombres; para diferenciarse en la cara», pero se calló.
—Mira, hijo, en un triángulo que tenga dos ángulos desiguales, á mayor ángulo se opone mayor lado...
—Sí, ya lo veo, papá.
—No basta que lo veas, hay que demostrártelo.
—Pero si lo veo...
—No importa; ¿de qué sirve que veamos las cosas si no nos las demuestran?
Y así empieza á dar vueltas en la cabeza de Apolodoro Carrascal el caleidoscopio, en que cada figura tiene trampa; un mundo de vistas con su inscripcioncilla, que hay que descifrar, debajo de cada una.