—Vaya, aquí está la policlínica del doctor Herrero; vamos á verla, hijo mío, que hay que ver de todo.
—Bueno.
Y una vez dentro:
—¡Oh qué conejito, qué mono! ¡qué ojos tiene! ¡si parecen de ágata, de esa de hacer canicas! y debe de tener frío; ¡cómo tiembla!
—No, pequeño, no tiene frío, es que se va á morir pronto.
—¿A morir? ¡pobrecito! ¡pobre conejito! ¿por qué no le curan?
—Mira, hijo mío, este señor le ha metido esa enfermedad al conejo para estudiarla...
—¡Pobre conejillo! ¡pobre conejillo!
—Para curar á los hombres luego...