—¡Pobre conejillo! ¡Pobre conejillo!
—Pero mira, niño, hay que aprender á curar.
—Y ¿por qué no le curan al conejillo?
Esta noche sueña Apolodoro con el pobre conejillo y Avito con su hijo.
¡Qué escenas silenciosas y furtivas cuando en los raros momentos en que el padre los deja coge la madre á su hijo, lo abraza y sin decir palabra le tiene así abrazado, mirando al vacío, llenándole de besos la cara! El chico abre los ojos, sorprendido; este es otro mundo, tan incomprensible como el otro, un mundo de besos y casi de silencio.
—Ven acá, hijo mío, Luis, Luisito, mi Luis, Luis mío, ven acá mi vida, Luis, mi Luis... ¡Luis! ven, repite: Padre nuestro...
—Padre nuestro...
—Sí, tu padre, el otro, el que está en el cielo... Padre nuestro que estás en los cielos...
—Padre nuestro que estás en los cielos...