—Como no parimos, exagera los dolores del parto...
—Como discurrimos, finge discurrir...
—Es un hombre abortado...
—Es el anti-sobre-hombre.
Óyense pasos de doña Edelmira, métese en la boca el filósofo una sopa de chocolate y callan los dos hombres.
—Acuérdate, Fulgencio—dice, luego de saludar á don Avito, doña Edelmira—de que hoy tienes que ir á casa del notario...
—¡Ah, es cierto, memoria mía!; pero ¡qué cabeza...!
—¡Qué memoria tienes, chico! Mira que si lo dejas...
—Nada, que si lo dejo me perdía cinco mil pesetas...
—Y luego hubieras dado contra mí... Pero ¡qué memoria!...