Y allá va, puesto que está tan buena la tarde, preocupado con lo de la concepción, camino del río, á la alameda. Es un día sereno y tibio de primavera; ábrese al sol cual verde plumoncillo el naciente follaje de los álamos; sonríe el río; está terso el océano del cielo, sin más que ligera espuma de nubes al occidente; sustancioso y henchido de aromas el aire. Siéntase el mozo en el césped; ciérnense vilanos por el aire. Al otro lado del río la ciudad, con sus torres y chapiteles, cual inmensa floración de piedra, primaveral también, refléjase en el espejo tersísimo de las mansas aguas, así como el bruñido azul de que se destaca, y de tal modo se reflejan que parece continuarse el cielo en el río y que es la desdoblada imagen de la ciudad friso en mármol cerúleo burilado, esmalte sin bulto. Es un libro abierto. Y recuerda cuando de niños cogían cabezas de moscas y las aplastaban en un papel doblado para obtener una figura simétrica, el principio del caleidoscopio. Y mira los álamos reflejados en las aguas y recuerda los versos de Menaguti:

En el cristal de las fluyentes linfas

Se retratan los álamos del margen

Que en ellas tiemblan,

Y ni un momento á la temblona imagen

La misma agua sustenta...

El alma de Apolodoro se vierte y empapa en esta visión; no se siente respirar; no tiene el hermoso esmalte inscripción alguna á la trasera, en el lado que no se ve, ni siquiera tiene, por no tener, semejante invisible lado. ¡Qué sueño, qué dulce sueño! ¡qué sueño con los ojos abiertos y abierta el alma á la visión de primavera!

De pronto ahora le llama el corazón con un latido, vuelve la cabeza y tras la ráfaga de esos ojos, sólo ve dos trenzas rubias que por la espalda le caen, como dos ramas de un árbol florecido, y abajo el arranque del tronco. El pobre corazón le toca á rebato, ¿qué es esto? De vuelta á casa se pone á escribir febrilmente su concepción del universo, pero tiene que suspenderla, para escribir versos.

—¿Versos? ¿versitos, hijo mío?—exclama su padre al sorprendérselos, y como él calla, añade:—Como ensayo, para probar de todo... ¡pase!