—¡Se ha enamorado! Y ahora, ¿qué hace la pedagogía?
—Pero entendámonos, amigo Carrascal; ¿el mozo está enamorado abstracta ó concretamente?
—No lo entiendo.
Y abre los ojos en espera de algo estupendo.
—Quiero decir si está enamorado de una muchacha ó mujer determinada, individual y concreta, ó si está enamorado tan sólo de la mujer en abstracto.
—¿En abstracto?
Y se queda Carrascal como quien ve visiones.
—En abstracto, sí. El amor, amigo don Avito, no es nominalista sino realista, no sube de lo concreto á lo abstracto, sino que baja de lo abstracto á lo concreto, es más platónico que aristotélico, empieza por enamorarse de la mujer y en cada individuación de ella no ve más que el género; sólo más tarde parece concretarse... Parece, sí, porque en realidad sólo se concreta en las pasiones heroicas, en las históricas, en las que han pasado á la leyenda, porque en ellas se concreta en absoluto lo abstracto. Julieta, Beatriz, Dido, Isabel de Segura, Carlota, Manon Lescaut, son concretos-abstractos...
«¡Qué lío!»—le dice á Carrascal su demonio familiar, y ya en la calle, se dice: «¡Se ha enamorado! ¡se ha enamorado! ¿Y si este amor se concreta?»