—Ya lo sé, ya sé que no; pero lo merece la pobre...
—¡Pero si es la menor cantidad de mujer posible, si no es nada!
—No, hombre, no; es más, es mucho más de lo que tú te crees. Aun no la has conocido.
—Si es una esclava...
—Puede ser, pero debes libertarla... La pobre está asustada... nació asustada... Te aprovechaste de su susto...
—No sé, no sé cómo fué aquello...
—Así sois los hombres; no sabéis lo que hacéis ni pensáis en ello. Hacéis las cosas sin pensarlas...
—Peor es muchas veces pensarlas y no hacerlas...
—¿Por qué lo dices?
—No, nada, por nada...