—¿Luego? Que probablemente tendrá usted que criar sola, sirviéndose de un ama de cría, por supuesto, un crío más. Tiene ya cuatro; cargará con cinco.

—Con todos los que Dios me mande.

—Y que probablemente, no digo que seguramente, a no tardar mucho, don Ramiro volverá a quedar libre—y miró fijamente con sus ojillos grises a Gertrudis.

—Y dispuesto a casarse tercera vez—agregó ésta haciéndose la desentendida.

—¡Eso sería ya heroico!

—Y usted, puesto que permanece viudo, y viudo sin hijos, es que no tiene madera de héroe.

—¡Ah, doña Gertrudis, si yo pudiese hablar!

—¡Pues cállese usted!

—Me callo.