—Al principio, al veros, al ver a la pareja, sólo reparé en Rosa; era a quien se le veía de lejos; pero al acercarme, al empezar a frecuentaros, sólo te vi a ti, pues eras la única a quien desde cerca se veía. De lejos te borraba ella; de cerca le borrabas tú.
—No hables así de mi hermana, de la madre de tus hijos.
—No; la madre de mis hijos eres tú, tú, tú.
—No pienses ahora sino en Rosa, Ramiro.
—A la que me juntaré pronto, ¿no es eso?
—¡Quién sabe...! Piensa en vivir, en tus hijos...
—A mis hijos les quedas tú, su madre.
—Y en Manuela, en la pobre Manuela...
—Aquel plazo, Tula, aquel plazo fatal.
Los ojos de Gertrudis se hinchieron de lágrimas.