—Bueno, ¿pues qué dijo?

—Dijo que la niña se quedaría seca y muerta de haber llorado tanto...

—¿Y yo qué dije?

—Por Dios, madre...

—Bueno, no lo digas, pero no llores así, palomita, no llores así... que por mucho que llores no se llenará con tus lágrimas el pozo en que voy cayendo y no saldré flotando...

—Si pudiera ser...

—¡Ah, sí! Si pudiera ser yo saldría a cojerte y llevarte conmigo... Pero hay que esperar la hora. Y cuida de tus hermanos. Te los entrego a ti, ¿sabes? a ti. Haz que no se den cuenta de que me he muerto.

—Haré todo lo que pueda...

—Y yo te ayudaré desde arriba.

—Que no se enteren de que me he muerto...