XXIII
Luego llamó a todos, y Caridad entre ellos.
—Esto es, hijos míos, la última fiebre, el principio del fuego del Purgatorio...
—Pero qué cosas dices, mamá...
—Sí; el fuego del Purgatorio, porque en el Infierno no hay fuego... el Infierno es de hielo y nada más que de hielo. Se me está quemando la carne... Y lo que siento es irme sin ver, sin conocer, al que ha de llegar... o a la que ha de llegar... o a los que han de llegar...
—Vamos, mamá...
—Bueno, tú, Cari, cállate y no nos vengas ahora con vergüenza... Porque yo querría contarles todo a los que me llaman... Vamos, no lloréis así... Allí están... los tres...
—Pero no digas esas cosas...