C.—¡Por Dios, Manuela!
R.—Déjale, déjale a la tía...
M.—Con el acento que ahora le pones la tía aquí eres ahora tú...
R.—¿Yo? ¿Yo la tía?
M.—Sí, tú, tú, Rosa. ¿A qué viene querer provocar celos en tu hermana?
C.—Pero si Rosa no quiere hacerme celosa, Manuela...
M.—Yo sé lo que me digo, Caridad.
R.—Sí, aquí ella sabe lo que se dice...
M.—Aquí sabemos todos lo que queremos decir y yo sé, además, lo que me digo, ¿me entiendes, Rosa?
R.—El estribillo de la Tía...