R.—Hija ahora, ¿eh?

M.—Y siempre, hermana.

R.—Y dime tú, hermanita, la abejita, ¿tú no has pensado nunca en meterte en un panal así, en una colmena...?

M.—Se puede hacer miel y cera en el mundo...

R.—Y picar...

M.—¡Y picar, exacto!

R.—Vamos, sí, que tú, como tía Tula, vas para tía...

M.—Yo no sé para lo que voy, pero si siguiera el ejemplo de la Tía no habría de ir por mal camino. ¿O es que crees que marró ella el suyo? ¿Es que has olvidado sus enseñanzas? ¿Es que trató ella nunca de encismar a los de casa? ¿Es que habría ella nunca denunciado un acto de uno de sus hermanos?

C.—Por Dios, Manuela, por la memoria de tía Tula, cállate ya... Y tú, Rosa, no llores así... vamos, levanta esa frente... no te tapes así la cara con las manos... no llores así, hija, no llores así...