—¿Qué quieres decir?
—Que serás tú su mujer, Tula.
—Yo no te he dicho eso, Rosa, y ahora, en este momento, no puedo, ni por piedad, mentir. Yo no te he dicho que me casaré con tu marido si tú le faltas; yo te he dicho que a tus hijos no les faltará madre...
—No, tú me has dicho que no tendrán madrastra.
—¡Pues bien, sí, no tendrán madrastra!
—Y eso no puede ser sino casándote tú con mi Ramiro, y mira, no tengo celos, no. ¡Si ha de ser de otra, que sea tuyo! Que sea tuyo. Acaso...
—¿Y por qué ha de volver a casarse?
—¡Ay, Tula, tú no conoces a los hombres! Tú no conoces a mi marido...
—No, no le conozco.