—Pues yo sólo así me lo explico.

—Eso nunca, te he dicho; no me expondría a que unos míos, es decir, de mi vientre, pudiesen mermarme el cariño que a ésos tengo. ¿Y más hijos, más? Eso nunca. Bastan éstos para bien criarlos.

—Pues a nadie le convencerás, Tula, de que no te has venido a vivir aquí por eso.

—Yo no trato de convencer a nadie de nada. Y en cuanto a ti, basta que yo te lo diga.

Se separaron para siempre.

—¿Y qué?—le preguntó luego Ramiro.

—Que hemos acabado; no podía ser de otro modo.

—Y que has quedado libre...

—Libre estaba, libre estoy, libre pienso morirme.