—¿Disparates?—añadió el médico entre dientes y cual hablando consigo mismo—¿quién sabe si existía o no y menos él mismo...? Uno mismo es quien menos sabe de su existencia... No se existe sino para los demás...

Y luego en voz alta agregó:

—El corazón, el estómago y la cabeza son los tres una sola y misma cosa.

—Sí, forman parte del cuerpo—dijo Domingo.

—Y el cuerpo es una sola y misma cosa.

—¡Sin duda!

—Pero más que usted lo cree...

—¿Y usted sabe, señor mío, cuánto lo creo yo?

—También es cierto y veo que no es usted torpe.

—No me tengo por tal, señor médico, y no comprendo a esas gentes que a cualquier persona con quien tropiezan parecen estimarla tonta mientras no pruebe lo contrario.