Raquel.—Sí, para ir a buscar algo o a alguien... Qué sé yo... No olvide, don Pedro, que soy viuda...

Don Pedro.—Viuda, sí; pero...

Raquel.—¡No hay pero! ¡Y aquí estoy!

Don Pedro.—Bueno; voy a decírselo a mi mujer...

Y luego se oyó la conversación de Raquel y doña Marta.

Doña Marta.—Pero, por Dios, señora...

Raquel.—¿Qué, no soy una buena amiga de la casa?

Doña Marta.—Sí, sí; pero que no lo sepa..., que no le oiga...

Raquel.—Y si me oye, ¿qué?

Doña Marta.—Por Dios, señora, más bajo..., que no le oiga..., más bajo...