EL PRIMER VIAJE ALREDEDOR
DEL MUNDO
MAGALLANES Y ELCANO
I
Hernando de Magallanes había prestado a Portugal excelentes servicios, y no habiendo recibido del rey Don Manuel todas las distinciones y recompensas que por ellos le eran debidas, renunció a su nacionalidad y se ofreció al emperador Carlos V. También se le ofrecieron, incomodados por análogas postergaciones, Ruy Falero, notable astrónomo lusitano, y Cristóbal de Haro, opulento comerciante, natural de Amberes, que residía, desde hacía varios años, en Lisboa, donde se dedicaba a comerciar en grande escala, por medio de agentes, con los territorios descubiertos por los portugueses en la India oriental.
A Magallanes, muy experto marino y entendido cosmógrafo, le preocupaba el afán de encontrar un estrecho en el mar del sur para pasar al oriente, a las islas tan renombradas de la Especería, por otro camino que el del cabo de Buena Esperanza. Y tenía por indudable que aquellas islas no correspondían a Portugal, sino a España, según la línea de demarcación trazada, decretada y rectificada por el pontífice Alejandro VI para prevenir diferencias y conflictos entre ambas naciones.
Ofreció a la majestad de Carlos V la busca de dicho estrecho y el dominio del país de las especias y solicitó, si no se le quisieran o no se le pudieran proporcionar recursos materiales para la empresa, autorización para acometerla, siendo de su cuenta y de la de sus compañeros los gastos que originara.
Desde que Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo venía siendo objeto de los desvelos y las investigaciones de los navegantes, así como de los cuidados del Gobierno español, la busca de un paso para las tierras del gran Cant, y hallado el mar austral por Vasco Núñez de Balboa, se inquirió con diligencia infatigable si aquel mar tendría comunicación natural con el Atlántico, habiendo resultado negativas las exploraciones hechas y derivádose más adelante de su infructuosidad numerosos planes para la confluencia de los dos Océanos o para trasladar del uno al otro las mercancías a través del Istmo.
No podrían menos de interesar a la Corte y al Consejo de Indias tales ofrecimientos, por responder a dos anhelos tan acentuados en aquella época como el de hallar el paso al Oriente y el de traer a España los riquísimos productos de sus regiones.
La indignación del país vecino a consecuencia de estas ofertas y de la benévola acogida que se las había dispensado, llegó al extremo de que don Alvaro de Costa, embajador de Portugal en Madrid, hizo los mayores esfuerzos para desacreditar a Magallanes. «Ahora—le escribía a su soberano—hablé muy serio al rey, presentándole muchos inconvenientes; «cuan feo era recebir hum Rei os vasalos de outro Rei seu amigo a sua vountade, que era cousa que entre caballeiros se nam acostumaba; que no era tiempo de disgustar a V. A., y más en cosa de tan poca importancia y tan incierta, que vasallos tenía para descubrimientos, sin echar mano de los que venían descontentos de V. A., y de quien V. A. no podía menos de tener sospechas». Con tanto desenfado le habló don Alvaro al Emperador, que al enterar aquél al rey don Manuel de los términos y los tonos de la entrevista, emplea estas palabras: «Quedó espantado con lo que le dije». De quien el monarca lusitano no debía preocuparse era de Ruy Falero. «Del bachiller no se haga caso; duerme poco y anda casi fuera de seso».