Se hizo inventario de estas adquisiciones, se apartó la cantidad de margaritas, cuentas de vidrio, bonetes de grana, cuchillos, etc., que se consideró necesaria para abonar su valor, y se le entregó a Camutrián, que estaba en una de nuestras naves, para que él hiciera llegar aquellos objetos a los dueños de los bastimentos, de tal modo, que cada cual cobrase en proporción a los que hubiera perdido.

Por Camutrián se averiguó que no lejos de allí estaba Mazaguá, y habiéndole suplicado el general que le enseñase el camino, el hijo de Maletec se ofreció a ir con él a dicha isla acompañado de tres indios.

El 9 de marzo salió la flota de Cabalián para Mazaguá, y el 10 fueron comisionados el prior y el maestre de campo para que hicieran por ver al cacique y le regalaran, a fin de atraérselo, una chamarra de terciopelo y un capote de grana; mas, no habiendo encontrado, en la parte donde pensaban que estaría la residencia del señor, casas ni indios, acordó el general trasladarse a la isla de Caninguinín, que estaba próxima.

Antes se les dió suelta a Camutrián y a los otros tres indios, y a fin de que se marcharan contentos, les quedase agradable recuerdo de los españoles y recibieran y trataran bien a otros que pudieran pasar por su tierra, se les vistió a dos de ellos de bonete, chamarra y zaragüelles de paño verde, y a los otros dos, de iguales prendas, de lienzo, y se les dió para el regreso carne de cerdo y pan para tres días y una botija de agua.

El 11 de marzo arribó la armada a Caninguinín, no habiendo encontrado en ella nada que les interesase. Canela es lo que más deseaban haber hallado y adquirido en aquella isla.

Sus naturales se negaban a escuchar a los españoles. Legazpi consultó con los religiosos, los capitanes, los oficiales y las demás personas de la armada sobre qué partido tomar, y, de común acuerdo, resolvieron pasar a Butuán, por ser país de mucho comercio y porque encontrarían quien entendiese la lengua malaya.

Reconociendo Martín de Goiti, en un batel, la costa de la isla de Bohol, halló un parao de grandes dimensiones, cargado de arroz y de otros bastimentos. En cuanto los indios vieron el batel, se arrojaron al mar, dejando abandonada la canoa. Los españoles se apoderaron de ella, y el general mandó hacer inventario de su contenido, para pagar su valor a quien resultara ser su dueño. En el mismo día, el maestre de campo prendió a siete u ocho indios de los que se escaparon del parao, por uno de los cuales se averiguó que aquella embarcación y sus mercancías eran procedentes de Cebú.

La contrariedad de los vientos impedía que la armada arribase a Butuán, y se acordó que fuese allí el patache, y que en tanto se hiciesen en la capitana algunos reparos que le eran necesarios, para enviarla a descubrir la vuelta a la Nueva España. Procurarían comprar la mayor cantidad que pudiesen de oro, canela, cera, especias y drogas, y hacer amistad con el cacique de la isla, a quien le comunicarían, de parte de los expedicionarios, que, si se lo consintiera, tendrían mucho gusto en ir a su tierra, para establecer en ella factorías y contrataciones en nombre del rey de España. Como intérprete de la lengua malaya iba con la gente del patache un tal Jerónimo Pacheco. Si en Butuán no encontraban canela, recorrerían hacia el mediodía la costa de Mindanao, hasta llegar a la provincia de Cavite.

Cuando el general se ocupaba en el despacho del San Juan, vino a la nave capitana el maestre de campo y dijo que la almiranta, distante media legua, había visto en la mar un junco grande y enviado un batel en su reconocimiento. Los tripulantes del junco acometieron a los españoles trabándose entre unos y otros encarnizada pelea. En ella nos hirieron veinte hombres; pero la canoa tuvo que rendirse ante los argumentos de los arcabuces. Esta embarcación tenía árbol mayor, trinquete y mesana, y era casi tan grande como el San Lucas. Los que en ella venían eran moros.

Un testigo presencial del combate elogia el valor de los adversarios, diciendo que determinaron morir, que pelearon como desesperados, hasta que les mataron el capitán, y que hicieron enorme gasto de municiones de hierro.