Ya que no se recompensara a Juan Rodríguez Bermejo, debieron concedérseles los diez mil maravedís anuales y vitalicios a los herederos de Martín Alonso.

Don Cristóbal no era tan justo como han sostenido sus defensores y aclamadores a todo trance. Y la iniquidad no deja de informar algunas veces los actos de los soberanos más ensalzados por sus virtudes.

Martín Alonso, con su pericia y con su buen sentido, cualidades que, en ciertos casos, pueden valer y valen más que las teorías y las elucubraciones empingorotadas, fué la causa de que el descubrimiento de América se anticipase.

Sin los consejos del célebre piloto en cuanto a la ruta que debía seguirse, el hallazgo del Nuevo Mundo se hubiera retrasado, no se hubiera dado con él por las islas Lucayas, sino por otra parte más remota, luego de esfuerzos y contratiempos sobre los ya sufridos, o lo que es más seguro, hubiera fracasado la empresa.

Relativamente a este extremo fueron interrogados algunos testigos en el pleito entre don Diego Colón y la Corona, «si sabían que el dicho almirante le preguntó que si le parecía que fuesen aquel camino, e que el dicho Martín Alonso le dijo que no, que muchas veces se lo había dicho que no iban bien, que tornasen la cuarta de sudueste e que darían en tierra más aína; e quel dicho almirante le respondió: pues hagámoslo así; e luego mudó la vía por industria y parecer del dicho Martín Alonso Pinzón, el cual era en aquel tiempo hombre muy sabido en las cosas de la mar».

Las contestaciones de los testigos fueron afirmativas. Todos, menos uno, hablan por referencias: pero la declaración de Francisco García Vallejo, que había estado en la armada y presenciado lo sucedido, es incontrovertible: «Sabe e vido que dijo Martín Alonso Pinzón el dicho viaje: señor; mi parecer es y el corazón me da que si descargamos sobre el sudueste, que hallaremos más aína tierra, y que entonces le respondió el dicho Almirante don Cristóbal Colón: pues sea así, Martín Alonso, hagámoslo así, e que luego, por lo que dijo Martín Alonso, porque era hombre muy sabido en las cosas de la mar, se tomó el dicho acuerdo, e que lo sabe porque se halló presente».

Ninguna prueba superior para el esclarecimiento de este asunto, a las confesiones de Colón en su Diario: El sábado 6 de octubre, le indicó Martín a don Cristóbal «que sería bien navegar a la cuarta del oueste, a la parte del sudueste, y al Almirante pareció que no decía esto Martín Alonso por la isla de Cipango, y el Almirante veía que, si la erraban, que no pudieran tan pronto tomar tierra, y que era mejor una vez ir a la tierra firme y después a las islas».

Desatendió Colón las indicaciones del capitán de la Pinta, y siguió navegando al oeste; mas el domingo 7 de octubre «acordó dejar el camino del oueste y poner la proa hacia ouesudueste, con determinación de andar dos días por aquella vía».

No dos días anduvo por ella, sino hasta descubrir tierra hasta arriba, en la madrugada del 12 de dicho mes, en la isla de Guanahaní, o sea al poco tiempo de haber puesto en práctica las recomendaciones de Martín Alonso, sobre la variación de itinerario.

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